Mensaje de un disidente con vida propia

Los límites que separan a una nación de otra son añejas construcciones realizadas por diplomáticos imperiales que dispusieron de sus colonos reduciéndolos a uno de los inventos más aberrantes de la humanidad: el nacionalismo.

Luego llegaron las revoluciones y las contrarrevoluciones. Hoy estamos más tiempo tratando de llevar sustento a nuestra casa y luchando para que no nos corten los servicios esenciales, que librando batallas reales que no sean tras la trinchera de nuestras redes sociales y chats de WhatsApp, haciendo más ricos a los übermensch del nuevo orden mundial.

¿Es posible estar satisfecho en la desgracia? Sí, por supuesto, para eso está el consumo. De no estarlo, ya se habría convertido todo en un baño de sangre: ejércitos disciplinadamente radicalizados y políticos hábiles en el manejo del poder, jugándose la vida por hacer justicia a los más desfavorecidos (algo que no dudo que existan y sean la minoría absoluta).

Hoy creemos más en los influencers que en la gente que ha producido un pensamiento complejo, laboriosamente transcrito a partir de la experiencia y de la lectura crítica de la historia. Una prueba bastante clara de la subordinación y el conformismo es que un meme se adelanta a cualquier argumento arduamente elaborado con bases científicas, porque es mucho más rápido y digerible que un libro de 400 páginas que llevó diez años de investigación. Así damos por aceptada la síntesis totalitaria y no el argumento. No es de extrañar que los que condenaron a muerte a Sócrates fueran jóvenes inspirados por Aristófanes el comediante.

Así que, volviendo al inicio de estas palabras, los límites de las naciones fueron siempre impuestos por los imperios que hoy en día nos dictan narrativas civilizatorias de justicia y equidad, libertad para rebelarse contra las estructuras, todo bajo la estricta vigilancia del consumo e intereses de turno. Modelos que serán en poco tiempo relevados por otros intereses y moralinas de efemérides y correcciones políticas.

Ojalá el humo negro de lo libros quemados no oscurezca demasiado el cielo del futuro.

Publicado por Javier Payeras

Escritor y artista visual

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