Después de los 45

Tu pelo se ha puesto blanco y te asusta tu panza fiestera,

te hastía la gente beata y complaciente con sus «ideas de lo correcto»,

aunque ríes sin parar cuando hallas una afinidad en el sin sentido de la vida.

Comprendes lo que es el amor porque lo perdiste antes y la amistad porque la gente te ha golpeado también.

No soportas a los egos dañados que mendigan un aplauso para su amargura redentora desde sus teléfonos móviles.

Dices la verdad o te la callas cuando sientes que va a lastimar a alguien.

Pero lo más duro es que tus amigos se empiezan a morir o se vuelven locos por los vicios o evangélicos o se sepultan en sus hogares para servir al sistema y lloran muy quedito como los pájaros enjaulados.

Ves poco a tu hijo y te das cuenta que ya eres el viejo y él el joven, que no debes invadir su vida.

Te consuela la música, ir en bicicleta, leer 3 horas, caminar, beber café o una moderada ingesta de vino o cerveza que no te destruya los días siguientes.

En fin, aprendiste a amar en la gran escuela de la soledad.

Publicado por Javier Payeras

Escritor y artista visual

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