Edgar Allan Poe

«Y todo lo que amé, lo amé solo».

Edgar Allan Poe (1809(1809-1849)

El 19 de enero se conmemora el nacimiento de Edgar Allan Poe.

El creador de relatos, como William Wilson, Los Crímenes de la Calle Morgue o La Caída de la Casa Usher, merece que los admiradores de su obra hagamos, cuando menos, una breve reseña.

Volviendo los ojos a los cuentos de Poe —tantas veces releídos y citados— descubro, en su solitario y dipsómano trabajo de escritor, muy agudas observaciones acerca de lo más profundo de la naturaleza humana. Nos devela esas contradicciones de la moral puritana y los encubiertos rituales de odio con que se fundamenta la intolerancia. Sus personajes son el reflejo de la angustia y la paranoia de la sociedad moderna. Tanto en sus cuentos, como en su poesía, parece suspendernos en un espacio de oscuridad cautivante, donde el interior del ser humano se transforma en un enorme laberinto asediado por el constante espectro de la melancolía y esas pequeñas muertes en vida que nos da la distancia y el aislamiento con el mundo.

Otro de los grandes aportes de Edgar Allan Poe es el de dar inicio a la tradición del relato policíaco. En sus cuentos se entremezclan el suspenso, el ensayo de criminalística y la ecuación matemática dando como resultado historias sumamente curiosas y entretenidas. De esto que mucha de su obra esté adaptada al cine, con muy buenos o con muy malos resultados, siendo el literato con mayor influencia y popularidad entre el gran público.



Charles Baudelaire, genio inmenso, se dio a la tarea de escribirle un ensayo y traducir su obra al francés, quizá por esa generosa gestión de difundir el trabajo de un escritor genial completamente desconocido y despreciado por los mismos estadounidenses, se dio la posibilidad que sus libros fueran reconocidos. Creo que muy pocas veces se ha visto tanta generosidad en este terreno de egoísmos y autocomplacencias que llamamos, mundo literario. Dejo acá un fragmento de sus palabras:

«…Los personajes de Poe, esas personas de facultades hipersensibles, de voluntad ardorosa que lanzan el reto hasta contra el mismo imposible, aquellas cuya mirada se lanza rígida como una espada sobre objetos que se agrandan a fuerza de contemplación, nacen todos o, mejor dicho, son todos el mismo Poe. Y sus mujeres, todas luminosas y enfermas, muriendo de males misteriosos, hablando con voces de música, son también el mismo Poe; o, al menos, lo son por sus extrañas aspiraciones, por su valor, por su melancolía incurable.»

Publicado por Javier Payeras

Escritor y artista visual

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