Aviso a navegantes

Un nudo se ajusta al cuello y luego el viento celeste mueve lo que dejamos de nuestro cuerpo. El silencio entonces queda intacto como el cielo de una pintura renacentista: las estrellas fijas, el tisú que abarca todo, la mirada de piedad de todos los santos.

Quienes hemos visto partir amigos a causa del suicidio, siendo brillantes, bellos y jóvenes, comprendemos que no todo el mundo quiere envejecer de acuerdo al protocolo de la vida «productiva» . Existen pocas ocasiones, pero existen, donde se logra hacer todo lo importante en pocos años y lo demás termina siendo un mero desperdicio de poemas repetitivos (como alguien hace unos días me escupió en un mensaje por WhatsApp) o los atisbos de una nostalgia.

El dolor insufrible no contiene dignidad, la huida tampoco es un gesto cobarde. La religión de nuestro tiempo es soportar la nostalgia y acumular dólares mientras trabajamos escarbando en los escombros buscando carros de marca, propiedades o fetiches de diseñador. Hoy desperté pensando en Francesca Woodman y sus fotografías, esas selfies con gracia analógica: vanguardista, contemplativa, que no encaja en ningún panfleto separatista y donde sus movimientos gestuales no son los de esta triste estación mediocre de la historia que estamos viviendo.

Los ríspidos sobrevivientes a las audacias de la vida son quienes dicen “si no hubiera muerto joven nadie la o lo recordaría”, observo a distancia su deterioro creativo y el el aro neón de su tristeza a punto de fundirse mientras pienso… “ojalá tu vanidad alcance para darle un nuevo significado al mundo”. Woodman concluyó a los 22 años toda una obra fotográfica que es, al igual que la de Arthur Rimbaud, Felipe Granados, Ana Cristina Cesar o Eunice Odio, la perfección más pulida que puede entregar un corazón acelerado por la vida.

Como estoy seguro que quienes leen estas palabras navegan sin rumbo por el Google, pongo un aviso, busquen la biografía de estas luces eternas, expriman esos minutos que en ellos fueron más valiosos que los años desperdiciados de las grandes mayorías… para que puedan inspirarnos una la vida larga, pero digna de ser habitada, plena de reflexiones, de silencios cautos y de la alegría plena de pensar distinto para crear algo distinto.
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Publicado por Javier Payeras

Escritor y artista visual

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