Las cenizas del Fénix

Son las cinco de la tarde, y pienso;
rostros amados, y pienso;
el desgaste, y pienso;
la sinfonía que escucho de cerca en potentes audífonos blancos, y pienso;
todo terminará en la eternidad, y pienso;
el día se está yendo, y pienso… Que no puedo detener la luz un instante, solo puedo escribir y admirar.

Muerte hoja

Escribir es la vida dentro de la vida.
Las palabras crean ventanas para testigos privilegiados. El deseo es reescribir esa vida que está mal escrita.
Las palabras son el territorio donde la vida está hecha de lenguaje y donde no existe otra muerte que la hoja en blanco.

Haikús

(1)

Llueve de nuevo,
       este mismo año triste
       que se repite.

(2)

Niños recogen
          de la calle las hojas
          que son cenizas.

(3)

Estas paredes
       sienten que ya dejamos
       ir nuestra casa.

(4)

Después de escribir
     «NADA» en el papel blanco,
      guardó silencio.

(5)

Lágrimas en la
     manga derecha, aguarda
     fuera de casa.

(6)

Intentó comprar
     una casa escribiendo
     poesía en soledad.

Después de los 45

Tu pelo se ha puesto blanco y te asusta tu panza fiestera,

te hastía la gente beata y complaciente con sus «ideas de lo correcto»,

aunque ríes sin parar cuando hallas una afinidad en el sin sentido de la vida.

Comprendes lo que es el amor porque lo perdiste antes y la amistad porque la gente te ha golpeado también.

No soportas a los egos dañados que mendigan un aplauso para su amargura redentora desde sus teléfonos móviles.

Dices la verdad o te la callas cuando sientes que va a lastimar a alguien.

Pero lo más duro es que tus amigos se empiezan a morir o se vuelven locos por los vicios o evangélicos o se sepultan en sus hogares para servir al sistema y lloran muy quedito como los pájaros enjaulados.

Ves poco a tu hijo y te das cuenta que ya eres el viejo y él el joven, que no debes invadir su vida.

Te consuela la música, ir en bicicleta, leer 3 horas, caminar, beber café o una moderada ingesta de vino o cerveza que no te destruya los días siguientes.

En fin, aprendiste a amar en la gran escuela de la soledad.

Péndulo



Te hablo porque estás solo. Te escribo porque estás sola. Intentas llegar a la mañana siguiente, pero tu cabeza se mueve como un péndulo.

Necesitas alguien cerca pero todo el mundo se va alejando. Creces, no existe nadie alrededor, creces: lo sabes porque te sientes solo, lo sabes porque te sientes sola.

Ya es hora de soltar. Ahora te sientes fuerte. Remites a las cosas que dijiste y a las que pensaste y a las cosas que te hiciste hacer. Tal parece que aquello es como una larga fila de fotografías pegadas al fondo de un río cristalino.

Las fotografías se van borrando. Creces, no existe historia alrededor, creces: lo sabes porque te sientes sin suelo debajo.

Caminas por una calle que es tuya y trae recuerdos vagos: alegría, vergüenza, despedidas, encuentros…

Te diste cuenta de que el Ángel Exterminador que siempre madruga en Guatemala no ha tocado a tu hombro, quizá pasa a tu lado sin que te des cuenta, quizá se ha llevado a gente invaluable para ti.

Esta calle la llevas encima, como llevas este país, como llevas este mundo. Sientes su peso en tu espalda. Creces, lo sabes porque llevas algo sobre tus hombros.

Tu cabeza se mueve como un péndulo que no se detiene. Lo observas y quieres que su ritmo sea más lento. Pero es tanta la fuerza que lleva en su ir y venir. Quisiera que algo frenara su paso. Tu corazón pulsa con menos velocidad que tus razones. Creces, porque sientes que ahora sientes menos y piensas más.

No te preguntes por lo que dejaste tirado, no vale la pena recogerlo. No preguntes por lo que viene. Solo entiende una cosa: no importa la edad que tengas, solo aprende.

Si respiras y sientes, es porque creces a solas, como todos crecemos.

Ausencia

Las horas pasan sin realidad, las horas lentas y perforadas, por demás tristes. Los días lentos como un ahogado flotando en el río.
Esta lágrima, este sonido inútil, esta flama que puede abrasar pero no dar calor, esta caída de la tarde.
Es duro envejecer, es duro cambiar, es duro el orgullo, es duro quebrarse siempre.
Cerrar los labios ante lo que ven los ojos o queman los dedos, la edad es un mueble sin armar.
Las frutas sin morder, los países desconocidos, el ancla de los regresos sin cambios, todo lo que se disuelve en la espera.
Dejar un corazón acelerado que se llena de miedo, fantasmas o fotos. Ser una bala perforando el lienzo en blanco.
Un dibujo mecánico, una forma. Quieto el volumen del agua, quieta la habitación, quieto el lento taladrar de un teléfono, quieta la puerta de vidrio, el ojo quieto, el sueño. La verdad sin cuerpo, la música que recorre este vacío.
Como una semblanza, como el recuerdo del segundo sol o de la segunda noche. Alcanza la voz un misil.
La respiración en el espejo que se mueve. Los sueños blancos como tizas. La cortina inmóvil, el brillo del televisor, el cansado vaso de agua. La caligrafía llena de demonios. Demonios que aguardan algún asilo posible, algún lugar.

Una ausencia, luego dos, luego tres, luego miles, millones. Las luces se van largando. El camino de vuelta se vuelve más solitario: las noches, las lluvias y los semáforos eternos.
No hay sitio reconocible, eso es la nostalgia. Hay gente hablando, hay gente quieta. La locura es un infierno de voces y premoniciones, es una obsidiana rayando el cielo sucio.
Ver demasiado claro es ausencia, repetir es ausencia, la verdad es ausencia, esta hoja es ausencia, la lluvia es ausencia, el sol también es ausencia.

Abstracción caligráfica / #cuadernodepoesía

La escritura a mano contiene algo más que el ejercicio simple de anotar. La letra de carta, sobre todo, está muy relacionada con el dibujo, ya que nos muestra una ilación, separada únicamente, por las palabras que define en su trazo.

Veo en las líneas de un manuscrito las posibilidades de un dibujo inconsciente, algo que desde mi infancia me llevó a experimentar en mis diarios, espacios íntimos donde la anotación venía acompañada de algún objeto que sirviera para dejar huella del paso del tiempo. Un registro humilde y cotidiano, sin pretensiones artísticas que eran una búsqueda de mi propio significado..

Pasados los años he seguido buscando esos senderos que se bifurcan del trabajo de escritor, vocación en la cual me he ido abstrayendo, dándole a la reflexión partiendo desde la anotación manual donde la línea concentra mi propia energía y que termina siendo letra o dibujo.

Los materiales que utilizo son plumas, marcadores, lápices de color, acuarelas, crayones pastel o lo que tengo a la mano. He llenado cuadernos industriales comunes, cuadernos de manufactura más especializada para dibujo y blocks artesanales que ha fabricado para mí, mi hermano y maestro, el poeta Simón Pedroza.

Ha sido complejo asumirme como un artista visual , quizá soy un escritor que raya mientras trabaja, pero debo aclarar que mi obra no estaría completa sin estos ejercicios que en definitiva están muy lejos de las prácticas académicas de caballete que estudié y me hartaron durante mi infancia o de la expresión contemporánea absolutamente politizada por el efecto de lo occidentalizadamente transgresor. Hallo mis referentes en los calígrafos árabes o chinos, en los códices prehispánicos, en poetas como Henry Michaux, Guillaume Apollinaire, Mina Loy, Jean Cocteau, Antonin Artaud, Jorge Eduardo Eielson, Alejandra Pizarnik, Federico García Lorca, Pier Paolo Pasolini o la poesía brasileña.

Esta es quizá la etapa más fértil de mi obra, porque desde la meditación, la lectura y la observación, he aceptado felizmente mi soledad.

LA LIBRERÍA GRANDE

No busqué ningún libro, solo me detuve a ver todas esas tapas de colores:
cintillos que dicen «escritora revelación de los últimos tiempos», «Premio Nobel de Literatura»…


Salgo sin comprar ni interesarme en nada,
camino kilómetros por la avenida principal,

sus decorados de luces en cascada,
su chirriante espíritu navideño.


Tsunami de gente que camina sin rumbo con sus 2, 3 ó 4 niños,


se me cruzan solitarios artistas callejeros,
motoristas que no respetan los semáforos,
y conductores que quieren matar a los peatones,

los restaurantes de comida chatarra están llenos.


Pienso en los cintillos de los libros,
en las contratapas,
en los colores de las portadas,
en las fotos atildadas de los escritores ,
y en las reseñas de los críticos.


En la avenida nadie sabe de eso,

piensan en dinero para la renta del mes,
piensan en la oportunidad, legal o ilegal, para comprar
ese televisor,
o pagar esa deuda de la tarjeta de crédito
y liberarse de esos malditos usureros.


No hay nada entre las novedades de esa gran librería,

un libro que le diga algo a ellos, a nosotros o a mí.

Solo camino entre tanto ruido

buscando un sentido para mi vivir de luz intermitente,

para mi maletín y mi cuaderno,
y mi libro por la mitad,
y mis lapiceros y mis crayones y mi amor de mirada silenciosa.


Observo los bares reventando con cumbias,
dealers disfrazados de guardias en las puertas,
y niños que piden limosna entre el olor a alcohol y las paredes orinadas.


Ciudad desigual, tan grande y tan de mal gusto,
calles donde se congela la memoria,
de los santos y de los asesinos,
calles de papeles arrancados de las paredes y
letreros apunto de apagarse.

ULISES CARRIÓN, EL ARTE NUEVO DE HACER LIBROS Publicaciones del Barco Ebrio, Guatemala 2021



Ulises Carrión murió antes de que se condensara su arte nuevo, las plataformas digitales para las que escribo esta reseña, flotaban en el líquido amniótico de las agencias de inteligencia estadounidenses e inglesas, existían computadoras como enormes refrigeradores y la Internet era un cromosoma sobreviviendo en el cable telefónico. Murió de cuarenta y ocho años de edad, envenenado por la pandemia atroz de la década del 80, el VIH.

Este hermoso objeto, pequeño librito tallado, portada dorada y páginas marrones, contiene uno de los textos más audaces escritos por un poeta en castellano. Publicado en la revista Plural en 1975, curiosamente bien recibido por el senado intelectual mexicano, advierte que de seguir escribiendo libros a la vieja manera, los poetas se irán retirando de la poesía.
Digerir un libro de versos de publicación reciente, para Carrión, era tan incómodo como alimentarse de comida descompuesta. Lo fresco no está en el “hacer literatura”, un escritor no escribe libros, escribe textos. Recuerdo la entrevista en la que Joan Brossa advierte que la poesía en clave literaria es para los escritores mediocres que necesitan un salvavidas para lanzarse a un lago, pues al no saber nadar, necesitan mantenerse flotando sin rumbo eterno.

Habitar la poesía no es lo mismo que escribirla, el creador es el que busca sin sentarse cómodamente a autodefinirse. Leer, escuchar, tocar, oler, deyectar del cuerpo… eso es estar dentro de la creación, el Arte Nuevo, como lo predice Carrión está en la esfera de lo cotidiano, en el accidente, en la caligrafía, en los suburbios de la ciencia, en hacer artefactos, objetos, rayar, elucubrar, trascender por encima de los neófitos y los verdugos que suministran su papel de jurados marcando papelitos.

“Un libro es una secuencia de espacios.
Cada uno de esos espacios es percibido en un momento diferente: un libro es también una secuencia de momentos.”
“En el arte nuevo se escribe, Te quiero, a sabiendas de que no se sabe lo que esto quiere decir. Se escribe esta frase como parte de un texto en el que daría lo mismo escribir, Te odio.
Lo importante es que esta frase, Te quiero o Te odio, cumpla en tanto que texto una función determinada dentro de la estructura en el libro
*
En el arte nuevo no se quiere a nadie.
El arte viejo dice que quiere.
En el arte no puede quererse a nadie. Solo en la vida real puede quererse a alguien.”

Ulises Carrión destruyó y reconstruyó el arte y la poesía mexicana, es su creador más representativo como subraya su colega Felipe Ehrenberg. Este texto escrito hace casi cincuenta años, temo que esperará otros cincuenta para que los autores conservadores de la alta tradición poética de habla hispana logren comprenderlo.

Guatemala 28 de noviembre 2021

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